¿A donde se nos fueron los Valores?… Es hora de ser ciudadanos y parar de ser habitantes.

En Venezuela, la oración “se nos fueron los valores” es más utilizada que un simple buenos días. Es equívoco meditar que todos parecemos preocupadísimos pues los valores se nos van quién sabe a dónde, mas no nos damos cuenta que con nuestras actitudes y acciones proseguimos dando pie a que como muchos ya lo hicieron, los valores asimismo se vayan del país.

En los últimos tiempos, Venezuela ha estado en un vórtice de acontencimientos y emociones que son capaces de trastornar a cualquiera y esto, en mi entender, afectó la forma en la que vivimos. Le dio pie a los antivalores a que comenzasen a desarrollarse. Un país que siempre y en toda circunstancia fue conocido por la calidez de sus habitantes y la buena educación, es ahora una marea de irresponsabilidad, deshonestidad, indiferencia, intolerancia y odio.

Todo esto es producto del rompimiento social, de la celebración de los hábitos perjudiciales de un pueblo por un gobierno agobiado por aceptación. La impunidad atrevida nos ha hecho meditar que los brazos de la ley ya no son suficientemente largos para alcanzarnos. Tenemos la sensación de ser intocables y por esto no nos preocupamos en cumplir ni la más pequeña de las reglas.

Debido a esto, vivimos en una sociedad en la que sorprende más aquel que afirma los buenos días que el que no los da. Nos impresionamos al ver a una persona ceder un asiento en el autobús y hasta el hecho de adquirir comida saca a resplandecer lo peor de cada cual. Vivimos en una selva de específico donde el antivalor es el rey.

Continuamente oímos en las calles que este país se perdió. Que es culpa del gobierno que estemos como estemos mas no  consideramos que el cambio está en nosotros mismos. Debemos parar de pensar en que por colearnos somos más vivos que el resto, parar de pensar que hay que hacer tejemaneje para hacer más veloz un trámite y dejar el odio a un lado.

Debemos empezar a ser más afables, a rememorar lo que se siente al hacer una buena acción y ser de nuevo los venezolanos orgullosos de ser educados, cálidos y felices que alguna vez fuimos. Parar de sentir que hemos de estar en modo defensivo, regresar a meditar que el de al lado es un hermano y no un incordio y de esta forma recobrar el tono de este país que poquito a poco se nos fue poniendo gris.